Tuve la preciosa oportunidad de trabajar como psicóloga voluntaria en la Asociación Española contra el Cáncer en Madrid. No puedo negar que no haya momentos muy dolorosos y situaciones objetivamente «injustas», pero bien es cierto, y a pesar de muchas pérdidas/fallecimientos, la palabra cáncer ya no tiene la misma connotación que años atrás

Somos muchos lo que tenemos y/o hemos tenido un familiar que ha sufrido esta enfermedad. Sentimos ese miedo desde el primer segundo, miedo que al principio no podemos comunicar ya que somos una de las fuentes principales de apoyo para esa persona que tanto queremos. Muy doloroso.

La medicina está trabajando mucho para seguir avanzando en esta lucha contra el cáncer, pero no nos olvidemos de la principal herramienta de lucha que tenemos las personas: LA ACTITUD. Sé que a veces es agotador o hay situaciones que van mucha más allá, pero dejadme que os explique ésto con todos mis respetos. La actitud no es determinante para la lucha contra la enfermedad (ojalá sólo fuera eso necesario), pero creédme  que es imprescindible. Tanto para el enfermo como para los familiares.

No he vivido ninguna pérdida por esta enfermedad salvo la de mis abuelos, pero ellos no tuvieron la oportunidad de luchar contra ésto. Sólo puedo hablaros de dos ejemplos muy muy cercanos a mi y de dos personas totalmente distintas. Una de ellas, (persona importantísima en mi vida), no supo ni está sabiendo afrontar bien la enfermedad. Es cierto que ha salido adelante, aunque tenga revisiones todos los meses (era cáncer de próstata). Es y ha sido una persona negativa, siempre yendo a la peor, temblando en cada revisión, creyendo y sintiendo el final de sus días. Ese miedo le ha bloqueado para volver a disfrutar de la vida. Siempre comunicando «yo estoy enfermo» (insisto, ha superado la enfermedad). Lo pero de todo es que él lo siente así. Vive menos de lo que realmente podría ya que ahora tiene todo para disfrutar. La otra persona, a la que admiro por completo, tiene «la espada de damocles» desde hace unos años. Sufre cáncer de vejiga (operado varias veces), leucemia y cáncer de piel. Sus palabras son: «tengo todo ésto, pero por ahora estoy bien. Me canso, pero hay días que salgo a correr, me concentro en mi trabajo, tengo autonomía y en verdad no tengo muchos dolores. Estoy preocupado, obvio, pero cada revisión buena es un chute de años de vida». Ves como disfruta. Una comida familiar con estas dos personas puede resultar incluso cómica (hemos aprendido a tomárnoslo así), observar estos dos extremos, ver cómo uno vive sufriendo cuando ya está curado y otro que tiene esta enfermedad mucho más avanzada y desde hace varios años, disfruta de cada momento porque «yo me siento bien».

No quiero que parezca un juicio sobre lo que está bien o no está bien, ya que creo que todos somos un mundo y el miedo es libre. Si a mi me diagnosticaran esta enfermedad, quizá lo afrontaría aún mucho peor que esa persona a la que quiero tanto, quién sabe. Pero aunque yo me equivocase como la que más, no quiere decir que LA ACTITUD y la forma de afrontar las situaciones dolorosas, no influyan enormemente a la hora de superar la enfermedad. Pero sobre todo influye a la hora de aprender a vivir con lo que tenemos, aunque a veces sea muy difícil. Aprender a valorar, cargar pilas, enfrentar y apoyarnos en todas nuestras fuentes que nos dan oxígeno y cariño.

 El cáncer es un problema de primera magnitud ya que afectará a uno de cada tres hombres y una de cada cuatro mujeres a lo largo de la vida. La incidencia en España es de 200.000 casos anuales. No obstante, se observa un incremento en la supervivencia de los principales tumores gracias a los avances científicos y tecnológicos fruto de la investigación, y que se incorporan periódicamente a la práctica clínica, así como la generalización de los programas de cribado para determinados tumores.

Respecto a la aparición de casos nuevos, los tumores de mayor incidencia en España en hombres son los cánceres de pulmón, próstata y colorrectal. En cuanto a las mujeres, el cáncer de mama es el más frecuente, seguido de los tumores de colon y útero.

¿Cómo podemos enfrentarnos a la enfermedad?

Enfrentarse a un diagnóstico de cáncer es una situación inesperada que supone un cambio drástico en la vida de una persona. La forma en la que el cáncer afecta a cada persona es diferente.

Lo natural es pasar por diferentes fases, con reacciones similares a las que ocurren cuando recibimos una mala noticia:

• Shock o fase de crisis, caracterizada por sentimientos de fragilidad y vulnerabilidad, confusión, inseguridad, pérdida, que puede durar desde unos días a unas pocas semanas. Se puede experimentar una sensación de que nuestra existencia está en peligro o de pérdida del marco de referencia.

• Negación, incredulidad («no es posible, tienen que haberse equivocado»)

• Tristeza, depresión, llanto, impotencia, miedo…

• Aceptación: suele coincidir con el tratamiento y el alivio que supone estar haciendo algo.

Todas las personas necesitamos tiempo para asimilar lo que está pasando.

Tras el diagnóstico, las personas sentimos miedo, a sufrir, al futuro… y rabia. No es raro que las personas se pregunten si se van a morir, por qué le ha ocurrido a ellos o por qué la vida les ha tratado así. Es totalmente normal hacerse estas preguntas.

Es importante no confundir estas reacciones y temores con un problema psicológico. Todas estas emociones son normales y poco a poco se irán debilitando, son parte del proceso de adaptación.

Una comunicación clara y positiva entre el enfermo y la familia va a facilitar el bienestar de todos y la búsqueda de soluciones. Poder expresar y compartir los sentimientos y preocupaciones con las personas más cercanas es la mejor de las terapias.

Es fundamental no olvidar que las tasas de supervivencia son cada vez más elevadas; cerca de 8.4 millones de personas con cáncer viven en este momento.

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